sábado, 7 de julio de 2012

LAS PALABRAS FINALES DE UNA PERSONA


Las palabras finales de una persona, las últimas que se pronuncian antes de morir, se reciben siempre como la cifra de un destino. Sean profundas, o al menos en apariencia, banales, se las toma como condensación del destino de una vida o de una personalidad entera.

Una de las más famosas de la historia nos lleva a Roma, en particular a Julio César, quien, desilusionado por encontrar al hijo de quien había sido su amante entre los asesinos que lo abordaron en el Senado, exclamó: "¿Tú también, Bruto?"

En su hora final, en cambio, el más egocéntrico Nerón exclamó al parecer: "¡Qué artista muere conmigo!".

Con delicadeza femenina, Ana Bolena, condenada a ser decapitada por falsos cargos presentados por su marido, el temible rey Enrique VIII, prometió a su verdugo: "No le dará ningún trabajo: tengo el cuello muy fino"

Las palabras finales de dos importantísimas figuras en la conformación de los modernos países de América Latina (durante el siglo XIX) indican similar tristeza y frustración. Bolívar expresó un lapidario: "He arado en el mar". Y Manuel Belgrano se lamentó: "¡Ay, Patria mía!".

Al ser encontrado en su refugio donde se mantenía escondido, Ernesto Che Guevara instruyó al sargento que iba a dispararle: "Póngase sereno y apunte bien: va usted a matar a un hombre" .

Pasando al mundo de la literatura, el crítico literario Marcelino Menéndez Pelayo evaluó: "¡Qué pena morir, cuando me queda tanto por leer!".

Pragmático, Lewis Carroll ordenó a su enfermera: "Quíteme esta almohada. Ya no la necesito". François Rabelais también trató de mantener el control: "¡Que baje el telón, la farsa terminó!" 

A diferencia de todos los casos anteriores, el escritor Henry James mostró cierta expectativa; dijo, presumiblemente con algún alivio, "Al fin, esa cosa distinguida"

Para terminar, me detendré, de manera muy especial en dos personajes a los que los caprichos de la vida no quiso que compartieran, ni se conocieran fíisicamente, pero no pudo evitar que sintieran el mismo dolor, que lloren el mismo llanto, que sueñen los mismos sueños, que escriban la misma literatura que los hizo diferentes e iguales a la vez, que mueran en carne más no en escencia. 

Uno de ellos es el gran César Vallejo, poeta peruano, pronunció, antes de morir: "!ESPAÑA... ME VOY A ESPAÑA¡"; el otro Don David Rengifo Gaspar "Simón Robles", escritor y poeta trujillano, lidiando su última batalla con la muerte, en la frialdad de su lecho dijo: "MAÑANA NOS VAMOS A CASA, HIJO; A VER PELÍCULAS". Aún escucho en mi corazón esa frase , Padre mío.

¿Conocen otras palabras finales? ¿Cuáles dirían ustedes, en una despedida ideal?